En el mes de octubre de 1918, los destinos de checos y eslovacos se reunieron en un estado común: Checoslovaquia. Poco más de veinte aňos después, en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, se separaron nuevamente.
El nacimiento de aquel estado eslovaco el 14 de marzo de 1939 suscita encendidas controversias desde la finalización de la segunda contienda bélica, incluso hoy en día, por las reacciones extremistas que levanta.
Antes de la guerra, los nazis apoyaban en Bratislava a aquellos grupos a los que la autonomía declarada el 6 de octubre de 1938 les sabía a poco. El Gobierno de Praga tomó la decisión de intervenir contra las fuerzas independentistas eslovacas. El ejército tomó el poder, depuso a Jozef Tiso -presidente del Consejo- y encerró a un cierto número de populistas extremistas eslovacos. El 13 de marzo Hitler convoca a Berlín a Jozef Tiso, el jefe del gobierno y partidario de una progresiva independencia de Eslovaquia. Hitler lo puso ante una simple alternativa: si el 14 de marzo Eslovaquia no declara su independencia, él se desentenderá de su suerte. Tiso informa a sus colaboradores y el Parlamento eslovaco proclama, el 14 de marzo, el Estado Eslovaco.