El legado de la Primera Guerra Mundial perdura como una firme advertencia sobre los peligros de una diplomacia fallida. Nos recuerda que la paz y la seguridad globales exigen una protección constante, un diálogo constructivo y el respeto absoluto al derecho internacional. Así lo manifestó el ministro de Asuntos Exteriores de la República Eslovaca, Juraj Blanár, al conmemorarse el 112 aniversario del estallido de la primera contienda bélica.
Los combates en el Frente de los Cárpatos se consolidaron como una de las operaciones más sangrientas de la guerra. Desde el territorio eslovaco se movilizaron aproximadamente 400 000 hombres, de los cuales decenas de miles nunca regresaron de los campos de batalla o cargaron con secuelas de por vida.
La Primera Guerra Mundial comenzó el 28 de julio de 1914, un mes después del asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando, heredero al trono austrohúngaro. La declaración de guerra de Austria-Hungría contra Serbia desencadenó una reacción en cadena de pactos diplomáticos que, en pocas semanas, involucró en el conflicto tanto a la Triple Entente como a la Triple Alianza. El enfrentamiento, que se preveía breve, se convirtió en una guerra devastadora de más de cuatro años que cobró la vida de unos diez millones de soldados y siete millones de civiles en todo el mundo.