Mi decisión de entrevistar a la guía turística Ľubomíra Černáková,que estudia la presencia de mujeres inteligentes en la historia de nuestra capital seguramente no radica en ideas feministas. Es que me encanta continuar descubriendo mujeres casi desconocidas que realmente merecen reconocimiento y admiración. Su fuerza, entusiasmo y determinación están llegando a mi corazón y tengo que confesar que incluso me motivan para hacer esfuerzos y dedicarme a cosas más sensatas. Espero profundamente que sus historias no me encanten solo a mí, sino que les enriquezcan también a ustedes, nuestros oyentes y les revelen otros detalles de la historia de Eslovaquia. Hoy les presento a otra más de estas “Mujeres inteligentes de Bratislava“.
En el ámbito del arte, aunque no solo en él, me llamó mucho la atención la historia de Irena Blühová. Irena Blühová nació en 1904 en Považská Bystrica, pero ya a los 14 años se trasladó a Bratislava, ya que procedía de una familia numerosa y relativamente pobre y tuvo que empezar a contribuir económicamente muy pronto. Encontró trabajo en Bratislava y estudió en el instituto mientras trabajaba; asistió a un instituto de idiomas. En su tiempo libre le gustaba el senderismo, y el senderismo la unió a otra personalidad muy conocida, el pintor Imro Weiner Kráľ.
Imro Weiner-Kráľ fue el representante más original del surrealismo plástico y el expresionismo art nouveau eslovacos. En sus obras captaba, con ayuda de símbolos oníricos, la vida en el campo eslovaco y los problemas sociales de la época. Además de la pintura, se dedicó también al grabado, la ilustración y el cartel. Su obra culminó en composiciones humanísticas que combinaban una visión lírica, baládica y dramática del mundo.
Imro Weiner Kráľ era de origen judío. Son muy conocidas sus pinturas, sobre todo la que representa la zona de Bratislava situada bajo el castillo, donde vivía la comunidad judía y donde se encontraba su barrio; de hecho, esa calle sigue llamándose «Židovská» (Judía) hasta hoy día, así que Irene conoció a este Imro y solían ir juntos a las montañas. Más tarde ocurrió que un amigo de él se deshizo de una vieja cámara de fotos porque se había comprado una nueva y le regaló la vieja a Irene. Ella empezó a hacer fotos con esa vieja cámara y demostró tener un enorme talento. Recorrieron toda Eslovaquia como turistas, él pintaba y ella hacía fotos. Por supuesto, esas excursiones les llevaron sobre todo a esas zonas apartadas, donde se encontraba la naturaleza más bella, pero probablemente las peores condiciones sociales para vivir en aquella época, la primera mitad del siglo XX.
Lo que más le encantó a Irene mientras paseaba con la cámara por las montañas y valles de Eslovaquia fue justamente la vida dura que llevaban los habitantes de estas zonas.
Realizó series de fotografías con temas muy tristes, sobre los eslovacos más pobres. Esas fotos eran tan conmovedoras y, al mismo tiempo, de tan alta calidad, que aparecieron en revistas europeas de renombre y ella se convirtió en una fotógrafa bastante importante. Esto le ayudó a que, en 1931, pudiera ingresar en la Bauhaus alemana, esa famosa escuela de arte.
La famosa Staatliche Bauhaus ('Casa de la Construcción Estatal'), o simplemente Bauhaus, fue la escuela de arquitectura, diseño, artesanía y arte fundada en 1919 por Walter Gropius en Weimar (Alemania). El nombre Bauhaus deriva de la unión de las palabras en alemán Bau, "construcción", y haus "casa".
Cuando empezó a imponerse el fascismo, la ideología fascista, cerraron la escuela. Así que finalmente regresó a Bratislava y continuó sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios, en el departamento de cine, con el conocido artista Karol Plicka. Poco a poco comenzó la guerra y esa fue la segunda etapa de su vida.
La guerratambién dividió las vidas de los dos – de Irene e Imro.
Ambos, junto con Imro Weiner Kráľ, se dejaron llevar por la ideología y se hicieron miembros del Partido Comunista, pero, sobre todo, se convirtieron en combatientes contra el fascismo, muy comprometidos. Él se marchó a París, donde se involucró activamente en la resistencia antifascista, y ella, aquí en Bratislava, fundó una librería en la calle Mariánska, llamada Blüh. A través de esa librería distribuía literatura, folletos y varias cosas por el estilo.
Durante la guerra Irene tuvo que esconderse en las montañas. Los nazis habían dictado una orden de detención contra ella. Facilitaba a los activistas del movimiento antifascista cruces ilegales desde la orilla austriaca del Danubio a la de Bratislava, y les proporcionaba refugio, comida y ropa. Durante el último año de la guerra, su padre, cuatro hermanos con sus familias y muchos amigos perecieron en Auschwitz y Terezín. Su hermana Tereza, que trabajaba en la resistencia, fue ejecutada. Durante la guerra, Irena perdió su archivo y la mayoría de los negativos y fotografías.
Por otra parte, esa librería es también un ejemplo no solo de su faceta como fotógrafa, sino también como mujer capaz de romper todo tipo de convenciones, capaz de traspasar los límites establecidos en diversos ámbitos. Por ejemplo, colocó en el escaparate de esa librería un provocativo collage fotográfico en el que Cristo le daba la mano a Marx. O también tenía allí expuesta una fotografía, en realidad el primer desnudo artístico masculino, que le hizo a su marido. Es un desnudo muy, muy bonito, no tiene nada de obsceno, pero para aquella época fue realmente muy atrevido.
Durante la guerra cambió bastante trabajos y actividades.
Además de trabajar en la librería, hacía de gasolinera en una estación de servicio y enviaba gasóleo al centro de Eslovaquia para las necesidades del Levantamiento Nacional Eslovaco. Así que también fue muy activa en la resistencia.
Su vida continuó siendo bastante movida también después de la guerra.
Cuando terminó la guerra, Imro Weiner Kráľ regresó, así que, en realidad, volvieron a formar una pareja, es decir, reanudaron su vida matrimonial y parecía que ya iban a estar bien. Además, eran miembros del Partido Comunista, pero no fue exactamente así. Se dice que ella recordaba muy bien a las personas que se convirtieron en representantes del poder en Eslovaquia tras la Segunda Guerra Mundial. Además, su hija Zuzana se marchó a Gran Bretaña, se casó allí, así que, en la época del régimen anterior, cuando tenías familiares en esa parte occidental del mundo, eso tampoco era algo que te ayudara.
Podríamos decir que era una persona que nunca optaba por el camino más fácil.
Al final, ella misma decía que, fuera cual fuera el régimen o el gobierno, siempre se había situado de alguna manera en el bando contrario, siempre había logrado estar en el lado opuesto, pero creo que, tanto en el mundo artístico como en el social, realmente demostró mucho, logró cambiar muchas cosas con su ejemplo personal, con su actividad y su entusiasmo. Irena Blühová falleció en 1991 en Bratislava a los 87 años.
Irena Blühová
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