Eslovaquia ha avanzado en la digitalización dentro de la región de Europa Central y Oriental, pero mantiene una de las cargas fiscales más elevadas de la zona. Así lo revela la Guía Regional de Impuestos CEE 2026, publicada anualmente por la consultora multinacional Forvis Mazars. La edición de este año compara los sistemas tributarios de 25 países de la región, incluyendo naciones del sudeste de Europa, los Estados bálticos y Asia Central.
Según el informe, los tipos impositivos del impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) y del impuesto sobre el valor añadido (IVA) han aumentado en varios países durante este ejercicio, rompiendo con la estabilidad de años anteriores. Para Eslovaquia, 2026 también representa un periodo de cambios significativos. “En el ámbito del impuesto sobre la renta personal, se ha ampliado la progresividad fiscal y se han añadido dos nuevos tramos del 30 % y el 35 % a los ya existentes del 19 % y el 25 %”, explica Kvetoslava Čavajdová, socia de la compañía de asesoría fiscal.
En cuanto al impuesto de sociedades, Eslovaquia aplica tres niveles en función de la facturación: un 10 % para empresas con ingresos de hasta 100.000 euros, un 21 % para pequeñas y medianas empresas con ingresos de hasta 5 millones de euros, y un 24 % para las compañías que superen dicho umbral.
“El tipo básico del IVA, elevado al 23 %, sitúa a Eslovaquia entre los países con mayor presión fiscal de Europa Central. A esto se suman otros incrementos, como la subida del impuesto sobre los seguros del 8 % al 10 % y un nuevo canon obligatorio sobre la extracción de materias primas”, recuerda la experta.
No obstante, Čavajdová destaca que el país ha progresado notablemente en digitalización. El sistema eKasa ya se encuentra plenamente operativo y la facturación electrónica obligatoria para transacciones entre empresas (B2B) comenzará en 2027. Aun así, la especialista matiza que Eslovaquia está adoptando el ritmo de los líderes del sector en lugar de marcar la pauta.
En el contexto europeo, numerosos países han incrementado sus tasas o introducido nuevos tramos de IVA. Por ejemplo, Rumanía unificó los tipos del 5 % y del 9 % en una sola tarifa del 11 %. Por su parte, Lituania eliminó el tipo reducido del 9 % para la calefacción urbana y el agua caliente, a la vez que fijó una tasa del 12 % para los servicios culturales y de alojamiento. Frente a estos modelos, el sistema de IVA eslovaco mantiene una estructura de múltiples tramos que, según Čavajdová, genera incertidumbre en la clasificación de bienes y encarece los costes de cumplimiento normativo para las empresas.
Por otro lado, los tipos del impuesto sobre sociedades en la región se mantienen estables, oscilando entre el 9 % y el 24 %. Actualmente, los Estados prefieren reforzar su competitividad mediante incentivos fiscales dirigidos a la investigación y el desarrollo, en lugar de optar por una reducción generalizada de los tipos impositivos.