Los diputados del Parlamento Europeo debatieron con representantes de la Comisión Europea las medidas necesarias para reforzar el sector del automóvil en Europa, mejorar su competitividad y proteger los puestos de trabajo existentes. Los eurodiputados eslovacos coincidieron en que ese apoyo debe ser realista. Monika Beňová (Smer-SD) recordó que la industria automovilística es uno de los sectores más importantes de la economía europea y que emplea a más de 13 millones de personas. “Se trata de un sector clave de la economía eslovaca, que genera el 13 % de nuestro PIB, representa el 54 % de la producción industrial y casi la mitad de las exportaciones. Dada su importancia para Eslovaquia, cualquier cambio en las condiciones de las ayudas o en la normativa relacionada nos afecta de manera fundamental”, afirmó. La eurodiputada señaló que los precios desproporcionadamente elevados de la energía figuran entre los principales factores que reducen la competitividad de los fabricantes europeos de automóviles, ya que el coste de la electricidad suele ser varias veces superior al de EE. UU. o China, lo que repercute en el precio final de los vehículos. En su opinión, desde el punto de vista de la transformación del sector y del impulso a la movilidad eléctrica, lo más importante es la producción y la disponibilidad de baterías. Considera que la iniciativa “Battery Booster”, destinada a apoyar a los fabricantes de celdas de baterías con una dotación de 1.800 millones de euros, es necesaria, pero insuficiente, ya que China lleva una enorme ventaja a la UE y la mayor parte de las materias primas críticas indispensables para fabricar baterías se procesan precisamente allí.
Ľudovít Ódor (PS) consideró que el anuncio de Volkswagen sobre los despidos constituye una grave señal de alarma para Eslovaquia, el país que más depende de la industria automovilística. “La cuestión no es si hay que alcanzar los objetivos medioambientales, sino cómo lograrlo sin destruir nuestra propia industria y nuestros puestos de trabajo. Es un error enfrentar el clima y la competitividad. Hemos llegado a la situación actual precisamente porque hace años los fabricantes europeos rechazaron una transición más rápida hacia la movilidad eléctrica y China se aprovechó de ello”, señaló. No obstante, advirtió de que la transición hacia la movilidad eléctrica debe ser prudente y estar respaldada por un apoyo real.
Branislav Ondruš (Hlas-SD) reconoció que apoya los objetivos ecológicos europeos, pero considera que la política de la Comisión Europea no contribuye a alcanzarlos. “Tiene repercusiones perjudiciales, sobre todo en el ámbito social. Basta con recordar que incluso en 2025 las emisiones de CO₂ en la UE siguieron aumentando; ni siquiera se han logrado estabilizar. Obligar a las empresas a comprar coches eléctricos puede ayudar a sus fabricantes, pero es a costa de los demás. Si el Estado impone la compra de algo socialmente útil —lo que, en mi opinión, no es el caso—, debería regular el precio para que no se trate únicamente de proteger los beneficios de unos pocos”, explicó. “Debemos aplicar con rigor los mismos criterios y requisitos a los fabricantes no europeos que a los europeos, y reducir significativamente las restricciones a la fabricación de vehículos con motor de combustión en Europa a partir de 2035”, concluyó.