Bruselas se dispone a introducir un cambio fundamental en la forma en que percibimos los alimentos modificados genéticamente. Pronto podrían llegar a los estantes de las tiendas de productos de panadería o harinas procedentes de cultivos con ADN modificado, pero el consumidor no lo sabrá por el etiquetado. Mientras que la Unión Europea defiende que la medida ayudará a proteger las cosechas frente al cambio climático, los panaderos y molineros eslovacos lo consideran una amenaza para la salud y rechazan convertir a las personas en “ratones de laboratorio”. La Asociación Eslovaca de Panaderos, Pasteleros y Fabricantes de Pasta, junto con la Sociedad Eslovaca de Molineros, se ha opuesto rotundamente a la nueva legislación europea. Ambas organizaciones instan al Gobierno a que Eslovaquia rechace este cambio y recurra la norma ante el Tribunal de Justicia de la UE. ¿Qué ha provocado exactamente esta ola de descontento? Hasta ahora se aplicaba una regla sencilla: cualquier cultivo cuyo ADN hubiera sido modificado por científicos en un laboratorio - los denominados organismos modificados genéticamente (OMG)- debía someterse a pruebas extremadamente rigurosas. Si acababa incorporándose a los alimentos, en el envase del pan, galletas, u otros productos debía figurar de forma visible que contenían OMG. De este modo, el consumidor podía elegir libremente. Sin embargo, la Unión Europea propone ahora flexibilizar estas normas para adaptarlas a los avances científicos y a la aparición de las nuevas técnicas genómicas. Estas funcionan de forma diferente a los antiguos OMG: los científicos no introducen genes ajenos —por ejemplo, de bacterias— en la planta, sino que, mediante una especie de “tijeras genéticas”, modifican con gran precisión su propio ADN. Por ejemplo, en el trigo pueden desactivar el gen que lo hace susceptible a los hongos. La UE sostiene que estas modificaciones son equivalentes a las que podrían producirse de forma natural, aunque ese proceso llevaría décadas. Ahí radica el principal cambio. En adelante, estos cultivos ya no tendrían que someterse a pruebas tan complejas y, sobre todo, no tendrían que etiquetarse en las tiendas como OMG. La Unión espera que ello permita desarrollar con mayor rapidez variedades de trigo y maíz capaces de resistir las sequías extremas actuales y reducir el uso de pesticidas químicos en la agricultura. Sin embargo, los productores eslovacos de pan y harina no comparten el entusiasmo de Bruselas. Les preocupa especialmente que aún no se conozcan los efectos a largo plazo que estos alimentos modificados podrían tener sobre la salud humana. “La Unión Europea cuenta con los alimentos más seguros y el mejor sistema de control de la seguridad alimentaria del mundo. Entendemos que el progreso es necesario para que la humanidad pueda hacer frente a los nuevos retos. Sin embargo, no queremos que los ciudadanos de Eslovaquia ni de la UE se conviertan en ratones de laboratorio debido a la presión de las grandes multinacionales, que buscan obtener los mismos beneficios que ya consiguen con los alimentos transgénicos en China o en EE. UU.”, afirmaba con rotundidad Milan Lapšanský, presidente de la Asociación Eslovaca de Panaderos, Pasteleros y Fabricantes de Pasta.
Los panaderos rechazan las nuevas normas de la UE sobre alimentos
16. 07. 2026 14:01 | Tema del día
Mária Mangová Foto: TASR