El verano resulta cada vez más caro para los padres

El verano resulta cada vez más caro para los padres

Para algunos niños, las vacaciones de verano significan asistir un campamento, disfrutar de unos días en la playa, hacer excursiones de fin de semana, practicar actividad física con regularidad o leer antes de acostarse con mamá o papá. Para otros, estos dos meses transcurren sin una rutina definida, ya que los padres tienen que trabajar y no pueden permitirse el coste de un campamento. Para las familias con dificultades económicas, las actividades o estancias de pago pueden resultar inasequibles y, cuando los padres no disponen del tiempo para dedicarse a los niños como les gustaría, son los propios niños quienes deciden cómo pasar su tiempo libre. Los expertos advierten de que precisamente la forma en que los niños pasan las vacaciones de verano puede influir en su desarrollo futuro y en su vuelta al colegio. “En los últimos años, debido al aumento de los precios, la creciente dependencia de las tecnologías digitales, los riesgos para la salud mental de los niños, la distancia con respecto a los abuelos o el hecho de que estos sigan en activo, las vacaciones de verano se perfilan como un periodo muy exigente para los padres“, explica Viktor Križo, pedagogo especializado y coordinador de Inklucentrum, al referirse a la situación de muchas familias eslovacas. Sin embargo, muchos niños pasan cada vez más tiempo con el móvil y la tableta. Según los resultados de una encuesta realizada por Focus y la asociación civil IPčko, los adolescentes pasan hasta seis horas al día en las redes sociales. Križo considera que más importante que el hecho de estar de vacaciones es el tiempo que los menores pasan frente a las pantallas y las actividades que realizan durante ese periodo. En definitiva, lo decisivo es cómo aprovechan las vacaciones. “El problema es que una parte de los niños pasa el verano aún más tiempo frente a las tecnologías digitales, lo que perjudica su salud mental, pero también su desarrollo cognitivo. Al mismo tiempo, otros no tiene la oportunidad de pasar el tiempo de forma provechosa y sufre aburrimiento, además de exponerse a fenómenos sociopatológicos, como el consumo de alcohol o el tabaquismo“, afirma Viktor Križo. Para evitar esta situación muchos padres optan por inscribir a sus hijos en un campamento de verano o en un curso de idiomas. Al mismo tiempo, es una solución práctica para saber quién se ocupará del niño mientras los padres están en el trabajo. Sin embargo, las actividades organizadas pueden suponer un gasto considerable para el presupuesto familiar.

Según Pavol Bobošík, presidente del Club de Agencias de Viajes Infantiles de la Asociación Eslovaca de Agencias de Viajes y Agentes de Viajes, el aumento del coste de la vida también se refleja en las decisiones de las familias. “Entre nuestros miembros observamos un ligero descenso del interés por algunas actividades de verano para niños, sobre todo en el caso de productos que suponen una mayor inversión económica, como las estancias lingüísticas en el extranjero o los campamentos más caros“, afirma. Según él, muchas familias buscan alternativas más asequibles. Los padres pagan entre 50 y 100 euros a la semana por los campamentos diurnos más económicos. En el caso de los campamentos de los centros de ocio, el precio suele oscilar entre los 70 y los 150 euros; los campamentos deportivos o temáticos cuestan entre 120 y 260 euros a la semana. Los campamentos con alojamiento parten de unos 400 euros.

Foto: TASR

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