Las altas temperaturas y la falta de agua están dejando de ser episodios excepcionales para convertirse en un desafío cada vez más frecuente en Eslovaquia. Este verano, el calor extremo ha provocado problemas de salud, especialmente entre la población vulnerable, y ha puesto bajo presión hospitales, residencias y viviendas sin aire acondicionado. Los efectos también se han dejado sentir en las infraestructuras: los trenes han tenido que reducir su velocidad, el calor ha deteriorado el asfalto y los sistemas de climatización del transporte han resultado insuficientes. La situación ha puesto además de relieve la falta de zonas verdes y de sombra en las ciudades. A ello se suma la sequía, que afecta especialmente a la agricultura por la falta de agua para el riego y aumenta el riesgo de incendios. Los bajos niveles de agua pueden generar problemas en las centrales hidroeléctricas y nucleares, dificultar la navegación, secar los pozos y afectar a localidades que todavía carecen de suministro público de agua. La cuestión es ahora cómo prepara el Estado al país para episodios extremos cada vez más habituales. La Organización Mundial de la Salud recomienda disponer de planes específicos frente a las olas de calor, mientras varios países europeos crean centros de refrigeración, amplían las zonas verdes y desarrollan sistemas para retener el agua de lluvia. En algunos, por ejemplo, se utilizan grandes estructuras de almacenamiento de agua que ayudan a refrescar el entorno y a reducir el riesgo de incendios. En Eslovaquia, sin embargo, todavía se reclama una estrategia más amplia y coordinada. El Gobierno ha remitido preguntas sobre sus planes a los ministerios de Medio Ambiente, Economía y Agricultura, aunque ninguno de ellos ha ofrecido hasta ahora una respuesta concreta. El partido opositor, Eslovaquia Progresista, ya pidió en abril la convocatoria de un gabinete de crisis ante la gravedad, ya entonces, de la sequía. El ministro de Medio Ambiente, Tomáš Taraba, defiende medidas como la limpieza de cauces y el apoyo a más de 140 proyectos para retener agua. Por el contrario, el eurodiputado opositor Michal Wiezik considera que falta una estrategia eficaz para hacer frente al deterioro de los bosques, la escasez de agua en la agricultura y los posibles problemas de refrigeración de las centrales nucleares. El calor también plantea un riesgo creciente para la salud y la seguridad. El Ministerio del Interior prepara un nuevo sistema de alerta para informar rápidamente a la población de situaciones extraordinarias, incluidas las olas de calor, aunque no estará operativo hasta 2027. Sanidad asegura haber destinado fondos a climatizar las zonas más críticas de los hospitales y prepara una auditoría para determinar nuevas necesidades. El Ministerio de Trabajo estudia además si deben endurecerse las normas para proteger a los trabajadores durante los episodios de calor extremo. El debate, por tanto, ya no se limita a cómo afrontar la próxima ola de calor. El reto para Eslovaquia es adaptar de forma permanente la gestión del agua, las ciudades, la agricultura, las infraestructuras y la protección de la población a un clima cada vez más extremo.
Calor y sequía ponen a prueba la capacidad de adaptación de Eslovaquia
10. 08. 2026 14:59 | Tema del día
Hilari Ruiz de Gauna i Torres; Foto: TASR