Las nuevas normas presupuestarias de la Unión Europea (UE), vigentes desde 2024, otorgan mayor flexibilidad a los Estados miembros. Sin embargo, esta flexibilidad ha creado una paradoja: los países cumplen formalmente las reglas mientras sus deudas y déficits continúan al alza. De hecho, solo la mitad de las naciones bajo el Procedimiento de Déficit Excesivo (PDE) han logrado sanear sus cuentas, arrastrando un déficit promedio del 5% del Producto Interno Bruto (PIB). Así lo advirtió Juraj Šuchta, director del Departamento de Análisis y Previsión Fiscal del Instituto de Política Financiera (IPF) del Ministerio de Finanzas eslovaco, en un reciente informe.
Šuchta recordó que la reforma de 2024 simplificó a fondo el marco presupuestario europeo. El único indicador vinculante actual es la regla de gasto, la cual regula el crecimiento del gasto neto mediante un techo presupuestario fijado para cada país con un horizonte de entre 4 y 7 años. Según el analista, este enfoque ofrece ventajas innegables, tales como una planificación más previsible, una gestión optimizada de los fondos públicos y una mayor capacidad anticiclica frente a las fluctuaciones económicas.
No obstante, la reforma también adolece de una debilidad crítica: su desconexión con la evolución real de la deuda y el déficit, especialmente si la economía no crece al ritmo previsto. Dado que la nueva regla de gasto neto contempla únicamente las reformas legislativas en el lado de los ingresos (como las nuevas medidas fiscales), ignora que una desaceleración económica merma de forma automática la recaudación. Al mantenerse inalterado el tope de gasto fijado, el déficit presupuestario se dispara y amenaza con cronificarse a largo plazo.
Finalmente, el analista subraya que la disciplina fiscal dentro de estas normas elásticas se ha debilitado aún más debido a la inclusión de cláusulas de escape y la falta de sanciones automáticas severas, lo que reduce los incentivos políticos para acometer reformas estructurales profundas en épocas de bonanza.
“Europa se enfrenta hoy a una paradoja: las normas se cumplen formalmente, pero la deuda y el déficit real están fuera de control. Este fenómeno afecta ya a varios países bajo el Procedimiento de Déficit Excesivo; es decir, Estados donde el desfase presupuestario supera el 3 % del PIB y donde la disciplina fiscal debería ser la prioridad absoluta”, señaló Šuchta, tras advertir que, incluso dentro del Procedimiento de Déficit Excesivo, la única regla que se aplica hoy es el crecimiento del gasto neto.
Según el economista, diversos países han aprovechado la laxitud normativa actual, provocando que sus déficits aumenten en lugar de reducirse. Mencionó los casos de Austria y Bélgica, donde el saldo negativo crece debido al frenazo económico, y los de Polonia y Finlandia, que se han amparado en las excepciones por gasto militar. “No ahogar una economía en declive o reforzar la defensa son objetivos legítimos. Sin embargo, da la impresión de que la misión original de las reglas fiscales —la disciplina presupuestaria— ha quedado en el olvido”, afirmó Šuchta.
Para el analista, el estancamiento económico y las nuevas exigencias en defensa y energía no son fluctuaciones pasajeras, sino problemas estructurales que exigen una respuesta inminente. Por ello, sugiere que la Comisión Europea ajuste la regla de gasto: “Sería conveniente introducir un mecanismo de corrección funcional en los parámetros técnicos. Si un país se desvía en la reducción de su déficit o deuda, se debería aplicar un freno gradual al crecimiento del gasto neto previsto inicialmente”. Por el contrario, concluyó que añadir más excepciones a unas reglas que ya son excesivamente flexibles no es la solución, ya que destruiría por completo su credibilidad.