Los representantes de las organizaciones profesionales de la educación alertan sobre un enorme desequilibrio entre la responsabilidad que tienen las escuelas de garantizar la seguridad de alumnos y empleados, y sus posibilidades reales para afrontar conductas de alto riesgo. En una declaración conjunta, instan al Gobierno y al Parlamento eslovacos a aprobar medidas de seguridad sistémicas que fortalezcan las competencias de los directores, aseguren una intervención profesional temprana y delimiten con precisión las responsabilidades de cada institución. Según los portavoces, la mayoría de los centros de educación primaria y secundaria se encuentran completamente solos ante situaciones que superan con creces sus capacidades profesionales y humanas.
Tal y como afirma Eva Ohraďanová, presidenta de la Asociación de Escuelas y Centros Educativos Privados, una escuela segura no solo representa un ambiente sin violencia, sino un lugar donde los niños no tengan miedo, los padres confíen y los maestros puedan ejercer su profesión sin sentirse en peligro.
A juicio de Ohraďanová, la seguridad debe basarse en la prevención, las relaciones sanas y la identificación de riesgos, pero también en la capacidad de las escuelas para actuar de manera contundente ante una amenaza seria. Según sus palabras, ni el director más responsable es capaz de suplir con sus decisiones un sistema que no funciona.
Las organizaciones profesionales piden una legislación que establezca mecanismos para excluir temporalmente a alumnos que representen amenazas graves, una postura respaldada también por Eva Horníková, presidenta de la Asociación de Escuelas Primarias de Eslovaquia.
Según sus palabras, la inclusión, el respeto y la seguridad deben ser los elementos principales de un sistema educativo funcional. Jozef Škorupa, presidente de la Asociación de Directores de los Institutos Estatales resalta que el comportamiento de los niños casi siempre refleja la cultura de una sociedad.