La economía eslovaca se verá cada vez más influida por el progreso tecnológico, el envejecimiento de la población, las tensiones mundiales y la transición hacia una economía más sostenible. El modelo de crecimiento que en el pasado ayudó a Eslovaquia a ponerse al nivel de los países más desarrollados de la Unión Europea ya no será suficiente en el futuro. La clave del éxito son las personas, su educación, su salud, sus competencias y su capacidad para utilizar las nuevas tecnologías. Así se desprende de la última edición de la publicación anual Retos estructurales 2026, que han presentado esta semana los representantes del Banco Nacional de Eslovaquia. El economista jefe del banco central, Michal Horváth, recordó que Eslovaquia ha dejado de acercarse al nivel de vida de los países más desarrollados. En 2025, el producto interior bruto per cápita se situaba aproximadamente en tres cuartas partes de la media de la UE. La mayor parte de esta diferencia se debe a una menor productividad laboral; el segundo factor principal es una menor tasa de empleo entre las personas en edad productiva. Además, el país se encuentra en un periodo en el que la población —y, por tanto, la mano de obra— envejecerá de forma significativa, mientras que los jóvenes con talento están abandonando Eslovaquia. Uno de cada seis estudiantes universitarios estudia en el extranjero, lo que supone una de las proporciones más elevadas de la UE. Por ello, el estudio del Banco Nacional de Eslovaquia busca respuestas sobre cómo hacer frente a esta situación. “La solución pasa por centrarnos en las personas, en sus competencias, en el desarrollo del talento nacional y en la captación de talento extranjero. Porque incluso los cambios tecnológicos que se están produciendo solo nos ayudarán si contamos en la economía con personas en el lugar adecuado y con las competencias adecuadas“, subrayó Horváth. Según él, habría que centrar un gran esfuerzo en resolver esta cuestión, especialmente en el contexto de una población que envejece. “En nuestro informe señalamos que varios aspectos de este envejecimiento, que ya observamos en otros países, no contribuyen a que las economías crezcan más rápidamente. Por lo tanto, un esfuerzo concertado, la inversión en las personas y en sus competencias, será imprescindible para retomar nuestro proceso de convergencia con los países más desarrollados“, subrayó el economista. Según los cálculos del Banco Nacional de Eslovaquia, la productividad de las empresas en Eslovaquia alcanza su punto álgido cuando la edad media de la población activa es de 42 años. Sin embargo, el Banco Central también ha destacado que la productividad no viene determinada por la edad en sí misma, sino por la capacidad de adaptación. Según Horváth, en los últimos años se ha observado una notable llegada de mano de obra extranjera a Eslovaquia, cuya edad media es inferior a la de la población nacional, lo cual es positivo. Al mismo tiempo, sin embargo, este proceso es bastante espontáneo. Y es que los trabajadores extranjeros se dirigen a aquellos sectores en los que hay demanda y se les puede pagar bien, y no necesariamente a aquellos que son clave para la economía. Según el economista, a Eslovaquia le falta un enfoque estratégico en este ámbito.