Desde tiempos inmemoriales, el período de transición entre el invierno y la primavera ha sido una época de alegría, bebida, banquetes, pero también de reuniones sociales, una especie de invocación para que el año que acaba de comenzar sea tan rico y generoso como los Fašiangy. En Eslovaquia, siempre se han celebrado con música, diversos disfraces y fiestas antecediendo los 40 días de la Cuaresma. Al fin y al cabo, como dice el proverbio popular: “En carnaval, date un atracón, en cuaresma, aprieta el cinturón”. Así que la redactora Alena Kniežová hojeó recetas de la antigua cocina eslovaca para averiguar qué no podía faltar en las mesas de Carnavales.
Los dulces más famosos de Carnavales son los buñuelos – šišky en eslovaco, que se hornean desde Año Nuevo hasta el Entierro del Contrabajo, es decir, hasta el final del Carnaval. Después de Año Nuevo es tiempo de matanzas, por lo tanto, hay abundante manteca, no hay que escatimarla. Ni siquiera se puede, porque solo así los buñuelos quedan sabrosos, ligeros y bonitos, cuando flotan en la manteca y se forma alrededor de ellos esa franja blanca que deben tener porque solo así quedan bien hechos, buenos y bonitos. Hacer buñuelos o šišky no es tarea fácil, hay que procurar que la masa no se enfríe, porque si no, no quedarán ligeros ni esponjosos. Así escribía hace más de medio siglo sobre los buñuelos de carnaval la recopiladora del libro de Cocina Popular Eslovaca para Todas las Mesas, Žela Inovecká. ¿Y cómo se hacen? Nos encontramos en una de las cocinas de Pozdišovce, pueblo situado en el Este del país, donde la señora Štepánková y Anna Balogová preparan buñuelos. La masa está lista, ¿qué ingredientes hemos utilizado?
Harina, levadura, azúcar, sal, leche. Amasamos la masa y la dejamos reposar entre tres cuartos de hora y una hora, luego la ponemos sobre la mesa, la estiramos con el rodillo, la cortamos en trozos, la dejamos reposar un poco más y, a continuación, calentamos aceite en una sartén y la freímos por ambos lados. Por último, añadimos mermelada por encima y espolvoreamos con azúcar.
¿Cómo deberían ser, en su opinión, los buñuelos realmente buenos?
Lo ideal sería que fueran muy esponjosos, altos y buenos. Que la masa no fuera muy espesa, porque cuando la masa es así de espesa, quedan duros como piedras.
¿Utilizas alguna receta tradicional antigua de tu familia?
Bueno, no usamos recetas, porque cada familia lo hace un poco diferente y, por lo general, de memoria. Lo ponemos todo en la masa y le añadimos ron, así huelen mejor y la masa se levanta mejor.
¿Hacéis buñuelos también fuera de carnaval?
Cuando tenemos nietos, siempre les hacemos lo mismo, porque a los nietos les sigue gustando lo que las abuelas hacían hace mucho tiempo, así que ahora las abuelas tienen que seguir haciéndolo, porque las madres no tienen tiempo.
Mientras tanto, los buñuelos ya están espolvoreados con azúcar y rellenos de mermelada.
Con mermelada de albaricoque y azúcar, y por favor, prueben si les ha salido bien o no.
¿Cómo se les suele llamar aquí?
Nosotros los llamamos kreple, como solían llamarlos nuestras abuelas...
A Michal Drábik, jefe del grupo folclorístico Harčare le preguntamos cómo pasaban las noches de Fašiangy en su pueblo.
Éramos entre 5 y 10 jóvenes que ayudábamos a las chicas hasta el miércoles de ceniza, es decir, el miércoles de carnaval en eslovaco, pero al final del carnaval, las chicas organizaban una fiesta a la que invitaban a los mozos, sobre todo a los que tenían alguna novia, a los que ya se habían enamorado, y los invitaban a esa fiesta. En esa fiesta los agasajaban y, si los mozos eran bastante ricos, a veces llamaban a músicos, y si no había música, se divertían como podían, solos. Cantaban, bailaban, bromeaban y, mientras tanto, iban de una cabaña a otra disfrazados con todo tipo de máscaras, de la muerte, de pájaros, de harakiri, y se asustaban unos a otros. A veces, los chicos también traían algo y, a veces, también robaban algo.
Las mujeres hilaban, cocinaban... ¿Qué hacían los hombres durante ese tiempo?
¿Qué hacían los hombres?
Los hombres ya no iban a donde las hilanderas, solo iban los jóvenes, pero los jóvenes lo que hacían era ir y molestar a las mujeres. Les guiñaban el ojo de vez en cuando, se divertían, entretenían a las mujeres para que les fuera mejor el trabajo y cuando terminaban de hilar, cada uno se iba del brazo con su novia y las acompañaba a casa.
Šišky en Pozdišovce
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